domingo 15 de noviembre de 2009

Ahora estás y bajas...


Ahora estás y bajas,
a los pies de las sombras y miras,
el rastro que ha dejado una nube,
en el hueco derecho del asfalto,
y sabes que hablar de la nube es inútil,
que hablar de las sombras es inútil,
que hablar del asfalto es inútil
y conviertes tus ojos en estoico estallido,
en un canto de criaturas nómadas.
Pero estás y bajas y subes,
como Marlowe subió por el río,
por el río negro y oscuro de la vida.
Como Samsa rompió la escena
que le unía al mundo.
Y acabas líquida, estando, siendo,
una cristalería de muñecas convalecientes,
y en su dudoso equilibrio,
te das muerte y otorgas a cada instante,
su eterna importancia.

domingo 11 de octubre de 2009

Feliz cumpleaños.


He metido mis ojos en un círculo de cristal y he visto a la mujer y a la niña,
a la esposa y a la madre, a la amante viva y muerta abriendo las heladas venas.

Me he duplicado en la piel nueva y antigua y he diseccionado en partes muy pequeñas,
la oscuridad sin límites que ha socavado los márgenes de mi útero.

He dejado a un lado el miedo y el esperma y he compuesto una sinfonía de tardes agrias
que gritan su NO hambriento entre los corredores carcomidos del tiempo.

Bajo la frente las voces sacan su lengua y parpadean.

En tu muerte deposité mi cara de medallita del Carmen.
En tu muerte dejé mi válvula mitral y mi escápula.

Las tibias aún las conservo bajo la cama,
por si algún día puedo con ellas trepar hasta mis ojos y ordenarles que callen,
que callen o que duerman en el desprecio o busquen su almohada
de fechas malditas.

Las tibias aún las conservo,
al lado de los vientos que se cuelan por debajo de la puerta,
dentro del espejo grande del armario
donde escondía canicas pequeñas, tabas, el cuerpo deshecho
de una muñeca de trapo, los libros prohibidos formando arroyuelos
por donde transcurría n mis dedos.

Mama, viene a secarme los ojos.
Mama, no sabe que mis ojos deben estar siempre húmedos
y me arranca uno y lo pone a secar en la ventana.

El otro ha huido al fondo de mi riñón izquierdo.

sábado 10 de octubre de 2009


Tu escudilla, mi escudilla,
tan vacías de limosnas...
La pobreza se ha posado
en la blanquísima red que alimenta
nuestras manos.
Por un segundo disminuye el silencio.
Tu escudilla, mi escudilla,
formas borrosas, fantasmales,
delirios de cristal, cuerpos invisibles, fragilísimos,
como moscas azules en la oscuridad
fosilizada de este otoño.

domingo 4 de octubre de 2009

Desnudo hueso blanco.


Desnudo hueso blanco.
Agua fría en la desnudez de la fuente.
Palideces.
Inmortal la palabra te toca en los labios,
pende de ellos y se transforma en aire.
Presa en el baño solitario,
detenida en la hoja de sol que aún respira
en la piedra, me nombro y busco en el lance,
el ligero destello, la certeza de haber sido.

domingo 28 de junio de 2009

Las noches, los días.





Las noches, los días.


Me pregunto dónde y cuando será la ejecución.

Levanto un ojo y pido calma y pido

que el peso del mundo me aplaste, nos aplaste,

a todos, a cada uno de nosotros, que el azul

del cielo se desplome y el negro acune

nuestra infinita angustia, nuestra insípida vida,

nuestros encharcados hocicos.

Qué revienten las cúpulas de las Iglesias,

los monolitos, los palacetes en venta, los puños

y las tripas de los que terrón a terrón de azúcar,

nos doblan las rodillas y nos beben el alma.


Pido, que la fe se extinga por monótona y falsa,

y mendigo la urgencia de tomar en las manos

la escuálida mano de un niño enfermo.

Las noches, los días,

sucios de nobles y generosos propósitos,

fermentan en su olor a podrido, pesados,

como moscas carnales sobre un montón de paja.

Presiento el frívolo desenlace,

el beso traidor bajando por el cuello

el paisaje monstruoso reducido a escombros.

domingo 21 de junio de 2009


Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero una liebre nunca, nunca un ciervo.
Herman Hesse.
Sobre las grandes ramas de los árboles,
una luna redonda se posa
sobre las piedras ya frías.
Una soledad reunida en grandes círculos
cae sobre el mundo.
Y ya no pueden hablar los iluminados
ni aquellos que aún recuerdan
el lenguaje de los lobos.
Con lentitud de orfebre,
la noche levanta su dedos deformes
y desliza su mano homicida
por mi primera conciencia.
Devastado el presente reaparece
el más puro silencio.

viernes 19 de junio de 2009

Vicente Ferrer



Había sed y él trajo el agua.
Había hambre y él desheló la tierra.
Encontró sombras, heridas, espacios calcinados,
y él, con el torso desnudo, sano las sombras,
canto en las heridas, hundió sus manos en la arena,
hasta que de ella surgieron balsámicas raíces.
La muerte hoy es trigo, adobe, niños puros
con ojos limpios, incombustible espíritu,
fértil sobre la tumba de un gran hombre.
La lámpara se ha extinguido,
su corazón arde.

lunes 15 de junio de 2009

.......


Hay un rojo nido en el bosque de piedra,
azulado de uvas que levantan los muros
que se hunden y pierden en la tierra futura.

Nadie y nada en un blanco día
descomponiéndose en cólera.
Nadie y nada en los objetos que mueren
en su ciega memoria.

Un velo de voces calladas se ajusta a los vientos.
La piedra y el nido y nadie y nada
y un niño que ya no es el mundo,
que ya no juega, que ya no besa,
que tras la dolorosa fuga,
se aferra a la mano cubierta de humus.

Nace una rosa en un vaso de vino.
La casa se duerme en un milagro de sombras.

jueves 11 de junio de 2009







También mueren bajo la niebla los dos lados del alma.

Abrazo la confusión y acerco mi oído a las vías,
como único modo de salvar la copa ardiente que llenará
mi roja y turbia garganta.

También mueren bajo la niebla los dos lados de los sueños,
con languidez biliar, con huecos perdidos en el recuerdo,
con rostros que no recuerdan el temor al momento final.

Abrazo el borde del labio que va desde tu sangre
a mi saliva y ciego el latido empozado en las hojas cortantes
que sudan su hambre y su amor bajo el falso brillo de la ceniza.

También mueren bajo la niebla los devorados,
y aquellos que afloran dulces, sumisamente, obedientes,
cobardes en mis ojos cansados de sujetar el corazón
que por costumbre se ata al miedo y a la noche.

Abrazo la luz gris de los días que me miran mientras llueven
y nacen al gris misterio de ser una lejana despedida
que poco a poco se extingue.

También mueren los cielos, las montañas, las fuerzas
que el pecho acumula mientras extendidos, los pulmones,
respiran el aire pesado de la edad ya entregada.

Te abrazo, hermana, hermano,
porque fuimos abandonados, cobardes, fugaces
ingratos por no bebernos la luz inocente de la luna.

Te abrazo, amor, resplandor roto bajo el marfil
de los colmillos del monstruo de los cuentos.
Te abrazo, amor, oscuridad sin dueño que vacía su mirada
en el espejo disecado donde yo guardo la llave del tiempo.






viernes 22 de mayo de 2009

Niebla


Alguien encuentra un ángel sobre el agua

con las vertebras deshechas y el corazón

unido a las manos.

Alguien cree que es suyo y lo hace suyo

y lo alimenta, lo embriaga con aceites delicados.

Unge la oscuridad de sus ojos con el vino puro de los labios,

transita por su sangre y lava la ingravidez de sus venas.

Recoge sus manos y las junta y dobla la túnica de encaje

en el fondo de una sombra.

Alguien heló su pie de ángel, su sed de ángel,

su horror de ángel, su ciega muerte de ángel.

Alguien ha cosido palabras en su piel, besos en su noche,

anillos laberínticos en su vientre.

Y el ángel vuela ahora, lejos de la niebla,

lejos de la vida, lejos de la noche que crece

sobre un charco de profundos limos.

Es inútil el beso que tiembla en la frontera.

jueves 21 de mayo de 2009

Calle desierta.


Una calle vacía para ti que confundes el mar negro de la noche

con el grito final del viento en las ventanas que se arrojan

a los labios de los adoquines.

Una calle antigua, de muros reveladores, de cuerpos

escondidos tras la espuma de un brazo con forma de serpiente,

te ciñe y te despierta con su piel despoblada.

Una flor, del color del papel no escrito, teje la única vena

que recorre el centro de su lenta muerte.

Una calle vacía, antigua, despoblada,

enciende su luminaria y espera el paso de las aves marinas

bajo el peso de la nocturna noche.

lunes 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti.



Mario Benedetti.

En este lado del corazón.

sábado 2 de mayo de 2009

La laguna.



Anoche me dormí tumbada sobre mi piel
y el agua, como una pequeña lengua secreta
rodeaba mi ombligo.

Entonces,
preparé mi cuerpo para el comienzo.

Luego,
desperte en la laguna,
junto a mi corazón,
escrito en la esquina de la Salute.

El final nos obliga a respirar
la extraña flor que se hunde en el fango.

domingo 26 de abril de 2009

Siempre hay algo...



Siempre hay algo en el amor
que te obliga a secuestrar la imagen.

Siempre hay algo en el odio
que te devuelve a la vida.

Salgo del amor y del odio
con un nudo en la lengua y escribo
en un papel cuarteado las sentencias;

Por temor a contemplarme, la sal
hará un surco en el borde de tu boca.

Por temor a leerme, la sal
será la pólvoora que devore tus horas.

Siempre hay algo en la caida del nombre
que te eleva por encima de la memoria.

Siempre que suene la campana,
sabré que silenciosamente,
me besan los años que han muerto.

sábado 18 de abril de 2009

Jacqueline du pre


Herida de muerte,

azul en el azul iluminado de la tarde,

deja caer su corazón sobre las manos..

Su corazón, desnudo,

aspira vegetales y expulsa ráfagas de luz

hacia las fuentes temblorosas

de su cajita de plata.

jueves 5 de marzo de 2009

Noche de Verano. (Winslow Homer).



¿Quién se atreve a desnudarse ante el tiempo?

Estoy cansada,
de sumergirme en mis pupilas.
De descender al hueco de las dunas.
De beberme el sol abrasador de los desiertos.

Estoy cansada de buscar mi rostro,
en las lagunas olvidadas de otros rostros.

Estoy cansada de mirar por detrás de las encías.
De remontar las venas una a una.
De presenciar el desbordante pánico de la tierra.

Estoy cansada de extender los brazos
sin poder abrazar a nadie.

Ahora que despierto en el gesto
de los pobres.
Ahora que he cerrado los ojos
y he llevado mi alma más allá de los nombres...

Estoy cansada.

De levantar mi cuerpo cada día.
De pretender que brillen más los pájaros
que el canto de los himnos.
De suplicar con la boca cerrada
que de un golpe se rompa este monótono ritmo,
este hilo desgastado por su propia angustia.

Estoy cansada,
y cada paso que doy me aplasta
y cada voz que oigo me falsifica
y cada horizonte que miro me destruye.

Y están cansados mis músculos,
mi hígado, mis piernas, mis uñas.

Están cansandos
de sentirse entre los vivos.

domingo 18 de enero de 2009

Andrew Wyeth





A su memoria.





Tras haber conocido la soledad,
el silencio, el secreto de los días,
el miedo, el odio, el luto.

Tras haber carbonizado los huesos
en el celo de las chimeneas,
adormecidos en el éter milagroso de la luz,
se miran y descuelgan su amor.

La primavera ha roído el blanco y tierno vestido.
El ivierno saborea ya las hebbras de sus manos.

Desnudo, el tiempo, insipido,
apenas recuerda lo que amaba.

La tarde hoy es sólo un cuerpo maquilado
que ya no es más que sal odiada
y sin memoria.

domingo 11 de enero de 2009

La ciudad blanca



I


La ciudad blanca

desdibuja su forma

serenamente.

II


Quema el silencio

teme la mano a la luz

leve inocencia.



III


Bajo la nieve

he sembrado mi muerte

mi nombre crece.

sábado 10 de enero de 2009

Olvido.




La tierra hoy
es un óvulo fecundado por la nieve.

El cielo,
un volcán que vomita
su esperma sobre el infinito

El sueño blanco, desvalido,
sobre el temblor de los raíles,
cierra los ojos.

Por un momento,
olvido toda la sangre.

sábado 3 de enero de 2009



No quiero ver los blancos pechos de la luna.
No quiero ver el lado vivo del fuego.

Subo a la montaña y mis ojos arden
y mi lengua se confunde con el brezo
que recorre como una corriente sanguínea
el extenso fondo de las laderas.

La piedra negra tritura
el pálido tañido del sol que aún
no ha tocado el suelo.

Hay en el aire un zumbido de abejas aromáticas
bajo la desnudez de la roca.

Hay un grito benigno en la dorada
piel de los chopos.

Hay un viento que pasa de puntillas
sobre el agua del arroyo.

Siempre que abro mis ojos,
se afila el humo que me espera,
a la vuelta del camino.

El humo que maúlla con los dientes abiertos
esperando el momento de tragarse mi vida.

Dame la mano.


Dime por qué esa débil luz en el exilio,
muere y de muerte nos toca las yemas de los dedos.

Ven, aviva el fuego
para que cante el tigre yacente ahora
en su amarillo enfermo.

Dame la mano y tu frente
y abramos de un golpe el centro del mundo.

Verás como se arrancan las escamas los reptiles
y mueren quemados por el sol de la justicia.

Verás como desnudos, ciegos, desnutridos,
se alejan diminutos, sin perros que les laman las heridas,
sin descendencia, sin peones a los que condenar
al látigo.

Ahora, si tú quieres,
nos esperan los azules templados de los muros,
el maná que se nos prohibió del cielo,
las cunas mecidas por el agua
al contacto con la sangre de la madre.

Robemos el destino, suprimamos las horas,
alimentemos el desorden en calles y plazuelas,
durante días, meses, siglos,
hasta que a tientas, borrachos de esperanza,
podamos abrir los ojos sin decirnos nada.

verás,
que quizá y sólo así, juntos,
volvamos a ser,
niños libres entregados al baile
de las mariposas.

sábado 27 de diciembre de 2008




Extraño

formando un sólido círculo

entre la luz y la sombra

despojado de la palabra

delegando en el aire

su vuelo.


Extraño

con dignidad elevada

permanece erguido en el inicio

de su propia muerte.


Cada intento de ser cuerpo

cada trazo se estanca

en el célibe reclinatorio

donde aguarda a su dama.


De algún modo

entreabre la cortina de agua

que seduce a la rosa

y formula conjuros atroces

contra la blancura

del último espejo.

Al otro lado de la luz

de algún modo

mira el pulso del incierto día

y da la espalda a la invasión

de las miradas.



sábado 13 de diciembre de 2008



Mientras se alejan las nieblas del verano

y las sombras nos obligan a detenernos,

en la voz, en los ojos, en la voz

que se posa en los árboles, en los ojos

que circundan la piedra, en la voz

que ahora tiembla y persigue al invierno.

Mientras callada regalo a la muerte

una ramita de brezo y acaricio la idea

de perseguirme en su rostro.

Mientras ausente me recreo en la tarde,

un pájaro amante me cuenta al oído

que la sed ha prendido en sus alas

y busca otras fuentes.

Y yo le dejo sembrarse en su vuelo.

Y yo le dejo florecer en su hambre.

viernes 21 de noviembre de 2008

Absurdo silencio.



Vienen en silencio y del silencio,
los miles, millones de ojos incendiados por el hambre,
robados al trigo negro que hiela los músculos del hambre.

Vienen aún dormidos, no muertos,
dormidos por el principio de que todos los hombres son iguales.

La flor del fuego marchita sus voces.
Son muchos y sin embargo inamovibles,vencidos,
duermen, mueren, en un absurdo silencio.

Sucede así desde hace tanto...

Pero,
y si uno de ellos, solamente uno
levantase el puño y golpease los muros.

Seguramente quedaría dormido,
muerto para siempre.

Pero,
y si después de muerto,
junto a su tumba, otro hombre, aún dormido, no muerto,
tomase su voz y su puño y golpease los muros
y después de este, otro y después otro,
hasta formar una marea incontenible.

Una marea de amapolas,
un caudal de manos genéticamente enlazadas,
una lenta pero firme corriente de agua
que inundase los campos, las ciudades,
las calles, las cabezas sin pasaporte.

Seguramente se formaría un hermoso baile
dentro de un relámpago
que abriría las compuertas de los silos,
que abriría manicomios y celdas,
que abriría ese lugar,
ese otro lugar donde la noche no es eterna.


Publicado por Lisola en lunes, octubre 13, 2008



5:04 PM
Mekler dijo...
muy buen blog ! buena forma de unificar 2 artes divinas como la pintura y la poesia.pasate x mi blog.http://pablomekler.blogspot.comsoy fotografosaludos!

Satan. Blake


Bajo las estrellas,
yo te invoco Satán yo te pronuncio.
Ven a mis manos a mis ojos,
incendia el hueco azul de mi origen.
Muéstrame tu rostro plateado,
siémbrame bajo la tierra,
en el jardín que en la penumbra,
vomitó el Ángel que me custodia.


Publicado por Lisola en lunes, octubre 13, 2008

YouTube - Lynyrd Skynyrd - Sweet Home Alabama (Live from Austin TX)

YouTube - Lynyrd Skynyrd - Sweet Home Alabama (Live from Austin TX)

Cierre por derribo.

He aquí la casa de mis sueños,
he aquí el silencio perpetuo,
he aquí la no imagen.


Cierro los ojos y veo,
los abro y comprendo
y una sonrisa de estupidez
pinta de color ceniza mi lengua.


Aquí, a mi lado,
hay un murciélago muerto,
con su traje de domingo
y su comedia dentro.


Aquí, a mi lado,
un contorsionista salta de una piedra a otra,
mientras se bebe de un golpe su ego
y explota.


Cerrado por derribo...
dicen las calles por las que pasé,
las ventanas que abrí,
los cimientos que levante,
los hilos que fui tejiendo y destejiendo
para alzar el vuelo.


Cerrado por derribo
para el inocente pensamiento
de que el hombre puede ser honesto.


Cerrado por derribo,
para las chimeneas los pájaros y los árboles.
Cerrado por derribo
para el puño y la letra,
la letra oscura o clara que no volverá a mostrarse
al mundo.

También para los pies que ahora salen del agua,
de las noches de agua,
de las noches que volaron por encima de todos los crepúsculos.

Se cierra por derribo...
y vendo las palabras a precio de saldo
como si fuesen trapos viejos,
vestidos usados fuera de temporada.

Os vendo la palabra libertad
a cambio de una puñalada.
Os vendo la palabra amor
por un camastro seco.

Os vendo la palabra amistad
por un puñado de lágrimas falsas
por un puñado de blancos lirios.
Os vendo las comas y los puntos,
los acentos y las pausas.

Os vendo las metáforas y los adjetivos
y hasta las horas en las que los verbos me hicieron compañia.

Os lo vendo todo a buen precio,
el de mi renuncia a ser vuestra.

Publicado por Lisola en jueves, septiembre 04, 2008 4 comentarios


Estoy mirando al mundo desde el interior
de una manzana podrida.

La luz cae sobre la roca y en el agua,
los fugitivos se dejan devorar por las raíces
que crecen solitarias, se arrancan la memoria,
y se hunden en el fango con las fechas
clavadas en su estómago.

Estoy mirando al mundo desde el interior
de una casa podrida.

Sus raíces son aéreas y su vientre
apuntalado sobrevive a fuerza de besos y palabras
pintadas de rojo.

Ho Xuan llena el aire con un perfume primaveral
pero sólo es un vano intento de transformar la flor muerta
en un alfabeto de rosas.

Los hombresgusano ya han perforado el corazón de la piedra.
Los hombreshuesped han quemado sus alas.

Me desnudo en secreto bajo las constelaciones,
en el lugar donde se citan los no hallados,
en el lugar donde la noche es una vieja sed,
aún no descubierta.

Estoy mirando al mundo, simplemente mirando,
desde el hueco podrido de una manzana,
sin saber si destruir su carne medio viva
o convertirla en un lecho nupcial
donde amar la plenitud del sueño.

Publicado por Lisola en jueves, agosto 14, 2008 2 comentarios

Terraza café. (Vincent Van Got).



Nadie cree que el tiempo se muere y te excluye del mundo.

Pero yo sé que estoy excluida del mundo.
Pero yo sé que el tiempo se muere.
Pero yo sé que es un punto de luz que vigila
y espera.

Que vigila las manos y la nuca,
con la familiaridad del polvo unido a la piedra
y que nos lanza a la absoluta perdida.


Publicado por Lisola en domingo, junio 22, 2008 4 comentarios


Conozco este silencio que me busca.

Blanco en el oscuro de un lienzo invariable,
blanco, de agua, de partículas de noche,
de caducos granos triturados, enterrados
en el fondo de una esquina o en la torre más alta
que se interpone entre un cielo desigual
y el irreconocible fondo del espacio
donde la voz ya no es más que un onírico abrazo
de aire en la noche de muros que llega
hasta el otro lado, de otra noche, de otro cuerpo,
de otras manos, de otras muertes, detenidas,
borrando mi derecho a oscilar en el último árbol
que desliza su tronco, livianamente, en la marea.


Publicado por Lisola en sábado, junio 21, 2008 0 comentarios

Pisarro



Sonámbulos y a tientas,
se levantan los edificios secos
de madera y barro que prometen
un tiempo minuciosamente elaborado
para suprimir la vida.


Cada rincón,
un enemigo que extiende su venganza contagiosa
por vivos y por muertos.


Cada hueco,
un furgón olvidado,
el retrato de uno mismo,
un falso techo donde esconder
el miedo que retumba en los relojes.


Publicado por Lisola en domingo, abril 13, 2008 3 comentarios

Lawrence Alma-Tadema


Bajo las escaleras,
salpicada en la sangre del cordero
y en el agua que purifica y limpia mi piel
como un beso blanco en los ojos.


En ella,
recojo los meses, los años,
el duelo que el mundo ha dejado
en el hueco de las manos,
la locura de andar descalza,
ya sin fuerzas,
la luz que me adormece,
los augurios, la fiesta del espanto.


Recojo el vino en el encuentro,
la sabiduría de no saber nada,
la permanencia en el hogar,
el frío del labio al pisar la tierra.


Recojo en un hatillo de sombras,
al que viene al mundo con todos sus deshechos
y se asoma a mi ventana
y desova en ella viejas palabras,
mal escritas.


Y entro en el agua,
y sumergida en su desnudo hueso blanco,
respiro y bailo,
y busco las aguas aún más profundas,
hasta que la luz desaparece
y por fin la vida nuevamente da comienzo.


Publicado por Lisola en domingo, abril 13, 2008 1 comentarios


El bar de Folies Bergére. (Manet).



Esta noche me he calzado los tacones altos,
he dejado caer sobre mis hombros,
esa blusa negra,
esa que deja ver de manera sugerente,
mis pechos.

He abierto las dos puertas del armario
y he tomado aquella falda que marca,
de manera insinuante,
mi trasero.

He disuelto mi piel en un perfume discreto,
(ese que me gusta tanto,
olor a maderas secas).
Y he adornado mi cuello con una vuelta
de diminutas perlas de río.

Sé que me delatan mis gafas
pero hoy quiero distinguir bien a mi presa.

He tomado el bolso en bandolera
y he mirado dentro para ver que nada faltaba,
el espejo, un lápiz de labios, las gafas de sol
por si me descubre el alba, mi identidad,
un billete de cincuenta, el tabaco
y esa piedra azul que me sirve de amuleto.

Y he tirado la libreta, la pluma, mi vergüenza,
los tikeck de la compra, las citas del trabajo,
la hipoteca y he salido así,
desnuda,
a comerme el mundo,
o a comerme al primer hombre que se pusiese a tiro.

Y he vuelto al cabo de las horas,
sin hombre y sin mundo,
cansada de ver ojos vacíos,
cansada del frondoso y triste acodamiento de los cuerpos,
uniformados sobre la barra de un bar,
mientras sus lenguas degustaban ya de lejos,
el sabor de mis pechos.

He vuelto a casa y he tirado la falda,
el espejito, la barra de labios,
el agotamiento de los tacones falsos,
el cansancio de comerme el mundo,
la inutilidad de las luces sobre el asfalto,
el ruido, las medias de seda negra,
el placer de una noche,
el ejercito de horas en busca de una caricia,
de una simple caricia que me hiciese

romper en llanto romper en llanto romper en llanto.


Publicado por Lisola en domingo, enero 27, 2008 4 comentarios

Deshacer el umbral



Deshacer el umbral en el que apenas me sostengo,
estirar la columna, separar cada una de sus vértebras,
encerrarlas en habitaciones diferentes
y recorrer su memoria y su mentira.

Desnudar cada una de las sombras
y coser su luz y su imagen a la piel.

Partir o quedar,
desprenderse o amontonarse, fría,
ocupada por el frío,
sentada en una pequeña barca de hielo.

Incluso de pie,
partir o quedar,
trasladando ese gran séquito de mí
a esa última sílaba que no calla nunca.

Nos confunde esta lluvia mansa,
que embalsama poco a poco la memoria.


Publicado por Lisola en lunes, enero 07, 2008 2 comentarios

Al Alba.


Al alba,
cuando los hongos beben del humor acuoso de los árboles
y después huyen con sus pies morados hacia el interior de la tierra.
Cuando tu nombre y el mío y el de todos aquellos
que son fruta que vacila se convierte
en uvas que explotan bajo la atenta mirada de los cuervos.


Al alba,
tu cosecha de almíbar levanto el vuelo de mis alas.
Tu cosecha de sombras extinguió el vuelo de mis alas.


Publicado por Lisola en domingo, enero 06, 2008 4 comentarios

miércoles 19 de noviembre de 2008

Mi fiel compañera



En sus ojos se abriga la luz,
la vida, la autentica vida,
la autentica luz, la inocencia.

Mis manos recorren la vida,
cobran vida,
inocencia,
luz,
se desnudan.

Suavemente,
como una niña sabia,
cambia el triste color de la tierra
por un griterío de estrellas.

Muerte en Venecia


Y así fue concebida la muerte,
entre algas y espinas y espejos añiles
que deformaban la luz y la tinta.


Y así,
fue abortada la vida.



Publicado por Lisola en sábado, diciembre 08, 2007 3 comentarios

Qué dulce antes del hombre
debía ser el mundo.


Giuseppe Ungaretti.


Nadie la vio caer...


sólo un pájaro de ámbar


que enfurecido


se desnudaba contra la tierra.



Publicado por Lisola en sábado, noviembre 17, 2007 3 comentarios

Epílogo



A medida que el tiempo se me acerca,
voy cerrando ventanas, balcones, galerías,
lamparillas alojadas a los pies de los muertos.

Voy cerrando el cuello gris de los cipreses,
los pantanos donde la piel se ulcera,
la alegría semejante a un rojo infinito.

A medida que el tiempo se me rompe,
voy hallando mis pasos en la seca nieve,
sin desdeñar el luto del agua entre las manos
o el decorado alegre de un charco en el camino.

Voy cerrando los ojos de los ángeles,
la pluma golpeada por el viento,
el sordo resplandor de las medusas,
la posada donde habita la herida,
el erguido y confuso abrazo del padre,
el ojal ciego del amor en mi nombre.

Y no sé si la locura o la muerte,
o quizá las alas de la calma toquen mis senos,
y en mí se eleve la poderosa altura del sol,
sobre todo lo que aún duerme.

Seré de corcho o de fuego,
seré, la mitad de una nausea
o el verde sencillo de un árbol.

Seré el silencio o la pluma que agote la tinta,
seré la pupila del tiempo,
el diluvio en el lomo del pez
o el instante desnudo que despierta
y me reza en los ojos.

Y todo lo olvidaré para encontrarlo
y todo será amado hasta olvidarlo.

Hoy



Quién ha cantado junto al simurg para mí,
quién ha tocado mis alas de aire
y en el aire ha bailado junto a jidr para el agua.

Hoy he salido al mediodía de las casas blancas,
al lomo de los gatos, al canto de las hojas.

Hoy, he llegado hasta las puertas del Mar Negro
y he sabido de las horas y del tiempo,
de la ascensión del ángel, mostrándome
la permanencia de su vuelo
y he escrito las horas sobre el agua,
tan fácilmente, que he bordado en las plumas de las aves
que recorren los gozos, dos velas, blancas,
dos luces, centinelas.

Y he dilatado mis ojos,
adormeciendo las manos y las sienes,
adormeciendo los nombres y he entregado mis párpados
al silencio, mientras las grutas,
de espuma verde,
han desnudado mi memoria.

Hoy,
he sucumbido ante el paisaje,
sentada en lo alto de la colina,
acercándome a lo eterno,
a la sombra fría de las lápidas,
al concierto de las aguas,
a la luz que transporta mi corazón
y se entrega en un acto piadoso,
al milagro único de ser amada.

Hoy,
yo cuento los dedos de las manos
y escucho la rueda de tus sueños y mido los minutos
que aprenden de la luz,de tus ojos,
de tu antiguo rescoldo,
de la llanura que despierta en mí y en ti,
se eleva.

Frente al mar,
he completado el ciclo de la luna,
y te he ofrecido mi caja de música,
donde guardo mis secretos y mis piedras.

Pero yo reclino la cabeza junto al pozo,
pero tú iluminas mis sombras
y me dices;

Volveremos a juntar las alas, solitarios,
junto al Bósforo y sin nombres
y sin piedras
inventaremos un vino nuevo.


Publicado por Lisola en sábado, octubre 20, 2007 3 comentarios

Contra el cristal.



Mariposas nocturnas, arañas y murciélagos,
oh forastero, tu perdida sombra
aguarda en el atardecer,
un lóbrego corsario que se anega
en ese mar salado del dolor.

George Trakl.

Contra el cristal,
se rompe la sien y la tibia,
redobla, malva, su sesgado tiempo.

Negra muerte,
estalla en el cristal,
flota en el pánico,
salvaje y lenta en tus pies
de piedra.

Esparto de las noches,
busca tu zarza dormida,
el portón del guerrero,
el camastro herido
por la ausencia.

Negra muerte,
escupe la carne poseída,
tú, que hasta la mortaja hurtas,
y dejas impenitentes las almohadas
y los nichos.

Honda muerte,
rostro, tiempo, laúd
que tocas a tientas,
voz que sube, verde de óxido.
Plateada y parda
cuando oscurece.

Escalón de quietud anciana,
por los jardines llegas...

Alójate en la casa y llora.

Trayecto.



Cómo se desprende la palabra de los rubios trayecto
del color de las vidrieras...

no, no pronuncio la palabra
que me haría dividir las aguas
y beberlas y escribirlas y recorrerlas
con el pulgar goteando en la noche.

No, no te pronuncio y me quedo en la uña,
en el primer deslizamiento
de la uña arañando la separación
del tacto.

Vuelvo a ser un fragmento de sílex.
Vuelvo y agito mi cabeza y los verbos
se quedan dentro de la luz, de la luz
de todas las grietas.

Vuelvo y dosifico la paz
y la adelgazo hasta que sangra por mí
y acaso ardiendo, me deslizo por el borde
de la palabra cáliz y seco mis labios
con su filo cortante y silencio mi huida,
antes de que el barro tome forma
y amarillee o ennegrezca,
entre los escombros de los trenes
desocupados.


Publicado por Lisola en domingo, octubre 07, 2007 0 comentarios

miércoles 12 de noviembre de 2008

Anadolu



El fraseo del mar sobre los ojos,
lo que nos dijimos,
el interior de las manzanas,
el aire con su rostro de pastelillos dulces,
el aire y su visión del mundo,
la seducción de lo extraño,
el trato amable de una sombra,
el definitivo silencio balbuceando mi nombre.

La espalda dando la espalda a un muerto,
la nobleza de la plata,
el lecho del cormorán sobre mi mano,

la desposesión del tiempo,

los pies amando el frío de las algas,

la desposesión del tiempo,

los objetos mudos, aquella nube,
las paredes blanqueadas,
la luz de sus antiguos dioses,
el primitivo telar retomando las horas,
las horas sobre la mesa,
las horas, para las manos, nítidas,

las horas como playas extraviadas,

la desposesión del tiempo,

la memoria serena,

la desposesión de la memoria.

Mira esta mañana.


Asia a un lado, al otro Europa,
y allí en su frente Istambul.
Espronceda.

Mira esta mañana de sol medio dormido,
donde la luz te busca, donde la luz
abre la niebla y navega en el intenso azul
de hojas dulces.

Mira, doblo el silencio y reconozco los rostros,
y temo amarte en este frágil instante,
temo que se rompa este mar que emerge de los siglos,
este orden natural, este esmalte ensortijado.

De nuevo la tierra se mueve lentamente,
en su silencio, las sillas de mimbre, vacías,
reconstruyen una historia en su memoria.

Ella vive y ofrece su noche a otros párpados,
ella se borra el corazón con la estela que los barcos
van dejando sobre su frente. Ella,
adivina la creación y por un momento sonríe,
después apoya la cabeza en la luz y mira a lo lejos.

Bajo las luces, oye el miedo, oye al amante,
oye el lamento, la oración plateada de los minare tes,
oye como se compra y se vende la esperanza.

Pero mira las aguas quietas, esbeltas,
y dibuja en ellas su vientre y recuerda,
al cerrar los ojos, a los que un día tuvieron alma,
mientras apura el último sorbo de
frente al Bósforo.

_Io, emerge de las profundidades, Io,
ha dejado sus horas en la sal del rostro que ama._

Sonata para piano Nr.14 en do sostenido menor. (Beethoven).


No existes, cuando la sala se llena de luna,
no existes ni existen los otros,
ni existe el movimiento,
ni el idioma y una quietud cobriza
se instala en la garganta.


Sólo un claro de luna inflama el aire,
en lo oscuro, en lo oscuro del paraíso,
tú, con los ojos cerrados, conmovidos,
y una lámina de amor en las pestañas.


Escuchas la hermosa sordera, el oro
del que sufre en su silencio, la nota grave
que busca en tu profundo pecho,
la sigilosa sombra transparente
de una lágrima.


No existes,cuando, devotamente,
el blanco vuelo del alma,
deja el negro ataúd y asciende al labio,
y abres una mano en la quietud efímera
para atrapar el áureo bemol,
el abandono apacible de un instante.


Publicado por Lisola en domingo, agosto 19, 2007 2 comentarios

El puente del Diablo de San Gotardo. (Turner).



Abridme la muerte, si es que se apagan
las luces de este otoño antiguo.
Si cansada, no llego a ser el ojo
que ladra ante la puerta del infierno.
Si se me llena el alma de calderilla
y no puedo comprar más que finales,
que apenas sobreviven al negro silencio
que existe más allá de los abismos.

Abridme la muerte, si es que no puedo,
noblemente decirle adiós a la vida.
Si es que el ocaso, como una mancha impura
bajo las sábanas de un orfelinato,
se reproduce entre mis vertebras.
Si debajo de mi lengua, sólo siento
que los besos que he dado, que el amor,
es como un aguijón de avispa.

Abridme el alma y la muerte,
si es que, algún día, no huyo de los rostros
que amanecen devorados por el acero del odio.

Abridme en dos y cortar el puente
y exponed mis vísceras al sol,
desecad mi piel, si es que, de repente,
no se congela el corazón, cuando los buitres,
rezan entre los huesos del hambre,
cuando el más miserable y pobre de los hombres,
no suba hasta mis ojos y los llene
de navajas líquidas.

Cuando no sienta el temblor de la sangre
y escriba con los pies enterrados
en la tierra de los dioses.
Cuando bendiga el exterminio de las aguas
y no aparezca en mis manos la sed de los lirios.

Abridme el calor y la luz y expulsadme
de la carne que aún me quede entre el violáceo centro de mi muerte.

Publicado por Lisola en sábado, julio 21, 2007 4 come

Paul Delvaux.



Miradla. Y sentid como en la sombra,
recorre la luz y bebe y derriba las copas
que contienen su espíritu.Miradla.

Y que ella os muestre el arpón
de su vasta soledad de niña sobre su lomo,
mientras en los espejos, una anciana
recuesta su muerte y la viste de memoria.

Sabe todo del sueño, de la vida.
Sabe y gobierna sus manos que son antiguas
y las murallas heladas que circundan su pecho.

Sabe y es más noble por saber y entregarse
a la vida sin rendir su corazón a la locura.

A veces, recuerda la lucidez y milagrosamente,
se aventura por las calles y atraviesa los gritos
y cubierta de polvo desea volver a ver ponerse el sol,
desea cambiar su piel por un poco de pan blanco
que alimente su alma, desea desenterrar a los caballos,
o levantar los visillos y quedarse ciega de luz,
de luz y grandeza.

A veces, sentada sobre la vela, a punto de convertirse
en fuego, toma una piedra y la envuelve en sedas
y cubre los pies con láminas de níquel, de algas,
de imperdibles ardiendo, de exvotos que ya han tocado
la cintura de los muertos.

Y pasa sin norte y sin sur, amontonada
en las brújulas que yacen en el fondo del mar,
y se abrocha el cuello con las lámparas devotas,
y se entrega al sacro resplandor de las bóvedas.

Quizá nunca sus pasos contemplen
la rosada garganta de Petra, quizá no vuelque sus ojos
en la linfa de Taormina, ni estalle a la leve sombra
de los arcos de la Piazza.

Pero miradla,
ella es la oración a la medianoche en los labios
de los monjes negros de Durham.

La pasión derramada en la copa de vino.


Publicado por Lisola en domingo, julio 01, 2007 2 comentarios

La Laguna.



Cuando me absuelvo, me sé.
Y en ese estado de cristal, me pertenezco,
y me persigo afilada entre sábanas
que disimulan su terror a respirar.

Entre la luz y la noche,
llego al infinito mundo de las manzanas
que comieron del infinito y busco
el reflejo inocente de la luz
en mi contorno.

Cuando me absuelvo, me sé,
ciertamente me sé pegada al suelo,
mientras sobre la espalda,
un ojo irreflexivo,
parpadea.


Publicado por Lisola en sábado, junio 23, 2007 2 comentarios

Y todo vuelve a repetirse.




Detrás de cada reja,
se oían los leves crujidos de los muebles,
la perfección de las cadenas,
la muerte que vive para morir,
fiel a su silencio,
entre las bocas abiertas y cansadas.



Los despintados ojos,
miraban con clemencia la humedad
y la penumbra.



Dos sombras, casi humanas,
maquillaban cuidadosamente de gris
la armadura obstinada en no ser
más que un espectro.



Y en la piel encanecida,
miles de alfileres desnudaban la carne
y todo volvía a repetirse...



las rejas,
los leves crujidos de los muebles,
la perfección de las cadenas,
la muerte que vive para morir,
fiel a su silencio.




Publicado por Lisola en martes, junio 12, 2007 6 comentarios

El lago de los cisnes.




Ni una hoja en el puño cerrado,
ni un girasol en el templo,
ni una lágrima que inunde el aire.


Ni la dulcísima paz de la tierra,
bajo la llama muda de un ángel caído.

Ni la inocencia de la nieve,
sobre las pupilas.


Sólo grandes cisnes resucitando,
en el inmaculado segundo que precede a la noche.


martes, junio 05, 2007 4 comentarios

martes 11 de noviembre de 2008

El Greco. (La dama del armiño).


Como las lilas,

como las lilas,


que intuyen el final del mar,
la impaciencia del ángel
por brotar del árbol.

Como las lilas,
y el viento en el armiño,
y el rostro, luz, carne,
lazo de luz que reluce un instante,
desde los hombros hasta el centro de la hoja.

Como las lilas pequeñas
que asaltan la desnudez y brotan
sobre la siembra de la mano.
Como las lilas milagrosas,
que levantan sobre el muro
el gesto vivo, los ojos,
el olvido en la quietud misteriosa y completa
de una sombra sin su dueño.


Publicado por Lisola en martes, mayo 22, 2007 1 comentarios

De regreso al ayer.



De regreso al ayer,
bebo el vino amargo de los conventos,
vigilo los lugares que creí abandonados,
me instalo en esa lluvia menuda
que nos viste de negro.

De regreso al ayer,
recorro como un viejo la existencia,
llego hasta el final de los instantes,
sin haber pintado apenas las ventanas.

Me levanto temprano y debo ser,
un árbol sin cimientos.

Sé que hablo de la luz y hasta ahora,
no he manchado la voz,
y el alma,
es el único animal que mira y ríe.

Ahora mi voz no es la voz que yo conozco,
es un espejo dilatado en mi cuerpo.

Tantas veces me levanto del suelo,

tantas...

Y luego,
después de saludar a los pájaros,
la loca de la vida viene a recordarme
que todo está lleno de muerte.

Y sé que es Abril y que mis sábanas
están limpias y que el heno,
tiene la misma forma de mis ojos,
y que los vuestros ya no lloran, ya no preguntan,
sólo se embarran en un silencio extraño.

Ahora,
que el enemigo está en cada rosa
que abre el viento,
y la pluma se me hace difícil ante el mañana,
ahora diré que un resto de piedras
es el precio de tanto sacrificio.


Publicado por Lisola en domingo, mayo 20, 2007 1 comentarios

Delvaux,



INACABADO.

No deseo esta muerte de caballo hueco,
prefiero la muerte súbita en la ventana,
respirando por última vez la noche leve.

La vida entre estos muros,
es una enfermedad que no se cura,
viene con una soga al cuello.

La libertad en estas calles,
es sólo una mentira
que empieza a doler en el costado.

Por muerte digo ausencia,
de todo lo que no puedo aplastar
contra la mano.

Mi rebeldía,
no es más que una hoja
que deja escapar un bosque entero.
Silencio, angustia y un despojo de carne
consagrada a las tinieblas.

Como la hiel mi vientre se oscurece
y nada queda ya más que la cólera.

Y estos recuerdos y estos gritos,
y el eclipse del mar en las pestañas,
y ese día de silencio frente a nadie,
y este disfraz que ha nadie duele.

Hubiera querido llamarme tumba,
tumba de rosas negras y locura,
no desear amor, casa o triunfo,
ser una gota de nada en este infierno.

Pero ya se han consumido los espejos,
mi voz y mi cuerpo han madurado,
han comprendido esta existencia,
malvada y cruel que aún me florece,
que aún nos hace vivir bajo la piedra.

Sin concesiones,
se destruirá esta casa,
se quedarán en ella otros muertos,
sentados al calor de su esqueleto,
como antes nosotros nos sentamos.

Leprosos nacidos de unos pechos mutilados,
que no supieron respirar su aire,
que comieron del plato de los miedos,
que oscurecieron su piel y hasta los huesos,

_acaso un poso de sombras en el lecho_,

ardieron en el silencio desarmado.

No cambiará la vida su costumbre,
de hacernos duplicados, raquíticos,deformes,
acorralados ante el miedo,
temblando al contemplarse en sus harapos.

Se inventarán hijos nuevos,
en cada rincón, en cada hueco,
diminutos hijos, blandos,
en cada azul escalofrío de pequeños pechos,
y construirán otra horca, otros silencios,
y volverán a tener hambre y rutina,
como antes nosotros la tuvimos.

Todo brota de nuevo, todo huele
a fruta podrida, a carne muerta.

Si me detengo en este punto,
no encenderé más lámparas deformes,
ni construiré en el aire más cometas.

Quiero sentarme y descansar de esta gran lucha,
adormecerme poco a poco en las cornisas,
a la espera del hilo que se rompa, una noche,
un día de amnesia en el cerebro,
ir resbalando en su pendiente, hasta caer,
tan suavemente, que ni las losas del suelo se levanten.

Y no pido perdón ni tengo excusas,
si acaso para dos gorriones y una ola,
generosa y dulce que me dio su tiempo.

Aquí os dejo con la vida,
viola de difuntos,
escarlatina en la pálida piel de un perro,
viaje al fondo del abismo.

Aquí os dejo con la vida,
idiotamente reunida en vuestros cuellos.


Publicado por Lisola en domingo, mayo 20, 2007 1 comentarios

Han caído las hojas.


Han caído las hojas blancas sobre el muro ciego.
Mi corazón ha envejecido.

Han caído las horas bajo el yugo de los pozos.
Mi corazón es un puñado de fechas.

Pinto un círculo en el aire.
Voy a tientas.
Las húmedas nubes mancha la claridad.

El vuelo,
el vuelo jubiloso, turbado, imprescindible,
delgada brizna en el sueño.

Voy a tientas y por ti huyo,
balanceando la vida y la muerte al mismo tiempo,
en el extremo de la palabra,
que no es más que un pájaro de jade,
con el cuello roto.

Pinto un círculo en el agua,
y todos los peces vienen a visitarme,
abren sus ojos ovales,
ablandan mis pies, hacen pan con mis dedos,
hacen de mí su alimento.

Voy a tientas y huyo por ti
que caminas con un solo ojo
que eres huerto desposado,
noche al mediodía.

Pinto un círculo en la tierra...

En vano busco la humana yema,
el agua que borre la pisada,
la sed y su cosecha.


Publicado por Lisola en martes, mayo 15, 2007 2 comentarios

Olbinski



Antonio Gamoneda.

Estallará la muerte pero estará viva
entre tu soledad y mi vacío.

A medida que el otoño se me acerca
con su luna menguante pegada a mi silencio
con los años destruidos y el viaje incierto
recorro bajo la lluvia escurridiza de Noviembre,
los secos matorrales, las ventanas huidizas,
el pulso de los pájaros, sin dejar rastro alguno de mi paso.

Sobre la tarde,
sentada bajo el árbol de los viejos,
reuno las fuerzas necesarias, el tiempo que me queda
para cruzar la línea divisoria que separa
la carne mortal del cielo,
el blanco ojo de las horas que se anuncian.

Desde ahora,
con la voz justo en la espalda
y la respiración apenas contenida
caliento el humo de las noches
arqueo el beso y brevemente
disuelvo los esmaltes y las joyas.

Vincent Van Gohg.


Cuando el tiempo pase
con su caudal de tiempo
y la memoria sea un fluido eterno.

Cuando tus pasos
ya no contengan más eco
que el de las hojas de otoño
puras y extrañas
elevándose en el aire
y en tu brillante forma
se iluminen las ánimas.

Cuando la vida no tenga pecho
y el ojo viva en la tumba
descubrirás mi nombre
bajo una cruz de piedra
entre los muros que cuida el ángel.

Cuerpo sin luz,
callado fuego nacido.


Publicado por Lisola en martes, mayo 01, 2007 1 comentarios

Eclipse


Y si ahora la tierra temblase...
y nos quedase por descubrir toda la vida...

Publicado por Lisola en sábado, marzo 03, 2007 5 comentarios

lunes 10 de noviembre de 2008

Los Amantes. (René Magrit)


Hace frío en la plaza en esta tarde de Octubre,
el viento ha dejado sin hojas las copas de los árboles.

Imagina la memoria como una hierba inocente,
una esfera de luz en el pie que se desliza en el agua.

Imagina que la noche disecciona el lado del cerebro
donde guardamos las bestias que una vez nos vencieron
Hace frío en la plaza y huye la lógica y la voz,
la más honda voz que se ahoga en lo incierto.

Hace frío en estas calles de plástico
y el vaho de los largos reptiles sube cerrando los ojos
de los blancos mendigos.

La escuela de la tarde. (Gerrit Dou).


Hoy quiero dar las gracias por todo lo aprendido.

He aprendido que una mano en el hombro no es más que un gesto.

Que no hay espacio más carnicero que aquel que destruye
el blanco pañuelo de una niña.

Que una mujer puede ser durante mucho tiempo la loca de la casa,
la razón del gesto y que puede llorar durante muchos años,
ingenuamente,el plomizo tamaño de unas manos
y seguir esperando durante otros tantos años a que esas manos
se hagan tibias, fieles y dejen de alimentar la angustia,
la falsedad, el cansancio.

Pero hay manos tuberculosas que nunca curan.

He aprendido de todos los que una vez santificaron mi cansancio,
poniendo el dudoso lastre de su propio teatro a mi disposición
y que vertieron con arrogante indiferencia su universo de palabras altivas
sobre las esquinas de mis horas.

He aprendido que beber de manantiales prohibidos
puede llevarte a ser una mujer marcada y es indiferente
que haya sido por justa venganza,
o por que el espejo te condujo a casas con ventanas azules
o por que el silencio y el tiempo miró tu piel y en el frío eterno de la noche,
quisiste saber si aún tu cintura y tu alma existían.

Y me fue concedido el placer de gozar de otros ojos, de otras manos,
como una recién nacida que llora grave su alimento diario y por ello,
fui lapidada por hombres con idiomas distintos al mío.

He aprendido que no hay suficiente universo para esconder la memoria.

Que es mejor morir en una celda que vivir gobernada por las máscaras.
Que las palabras pueden asesinar la risa.
Que los espíritus nobles tienen la cara cubierta con un velo de muerte.

He aprendido del domador de palabras que cree vencer a la montaña
y que sólo puede mancharla con su tinta y no comprende
que no hay forma de quitarse de las ropas este horrible olor a matadero.

Y sin embargo,
entre tanta resistencia y a pesar de todos,
aún soy capaz de abrir los ojos e iluminarlos
al divisar la entrada lenta y fabulosa de un tren de cercanías.

Y aún y hasta no sé qué tiempo y sin vosotros,
soy capaz de llorar sin descanso y sin vergüenza por mi vida
y por las vuestras.

Por la visión descarnada de un niño muerto
sobre una dura tabla de acero.

Por el violáceo amanecer de todos los días.
O por el miedo a volverme ciega.


Publicado por Lisola en sábado, febrero 24, 2007 1 comentarios

En la noche. (Jacek Yerka).



En la noche, desenterrando sombras,
turbias en el agua, rubias en los pies,
he regresado a ese lugar hermoso
al que nunca he de volver.

En la noche, he vuelto a cerrar el libro,
apurado el licor, trazado el último
dibujo, guardado la última semilla,
en una pequeña cajita de cedro.

Y he tirado la llave,
al cristalino fondo
del lago donde anida
la media luna.

O el tiempo que envejece junto a mí.

Hace tiempo...

Hace tiempo que desnuda...

desnuda y con las preguntas por debajo de la Roca...

Junto a las escaleras,
trato de separar la huella del nido de la hondura de los pájaros.

Nos esperan las criaturas de nadie, las cenizas de todos,
el manantial de los propósitos,
el significado de una mancha verdosa en el fondo de la lengua
pidiéndonos un rostro.

Nos piden la palabra,
acunados entre un muro de cristal y el suave descenso del tiempo entre los pastos.

En fila,
como minúsculas hormigas uniformadas,
acercamos la sal a la piel, la piedra a la pobreza,
para no vernos sumergidos en el pulso,
en su costumbre de calor de carne en éxtasis.

Nos han dejado a oscuras nada más nacer,
nos han dejado en el error de ser el milagro de la vida,
en el ostentoso triángulo de las cimas,
en el rejuvenecimiento del futuro y en las manos
el olor a dioses muertos confundidos con la tierra.

¿En qué ilusión nos condenan?

Puede con nosotros este bullicio de oro que oprime los cartílagos
y vacía las cuencas de los ojos.
Puede la tumba que nos llora su cordillera de huesos,
el licor amargo abrigando los labios.

Nos llevan por la luz de las certezas
y toda nuestra piel se volverá cemento
y ya no habrá forma de volver a desclavarlas antiguas raíces de la madera.

Ahora es negro vuestro óvalo bajo mi blusa.

Gracias a Marce a María y dos veces gracias a Inma.


Publicado por Lisola en viernes, febrero 16, 2007 5 comentarios

Paul Delvaux.


Fósforo a fósforo en la oscuridad,
lágrima a lágrima en la polvareda.
Cesar Vallejo.

VII
Un movimiento brusco.
Se abre la espalda.
El tren,
reptil dificultoso y prudente
acomoda su corazón a mío
como un niño camino del sueño.

Una lámina diminuta y geométrica astilla el aire.

Flota el humo en el papel escrito,
abandonado de manera absurda en la mesilla de noche.

Llora su frente viscosa en mitad de un duelo
de sílabas almidonadas.

Si abro la ventana aún podría despertarme las garras
y los zarpazos de tu mirada aún podrían poner distancia
entre el viento y los despojos de esta noche de piedra.

Así que dejo que el viento se adueñe del limo que infecta mis párpados
y me quedo junto al derroche de la luz y su melena envanecida,
elevándose en la estrechez del vagón.

Ofrendo esta partida a las flores derrochadas,
a la oculta corteza de los árboles,
un día regados con sangre de esclava.
A las estatuas que nunca amaron, cinceladas a golpe de odio.
A los mártires del dolor,
profundamente ahogados en el verdín viscoso de las fuentes.
A los hombres de palabra ligera y cuerpos inmortales.
Todo queda en esta tierra,
todo
menos los mirlos que habitan en mí,
y las manos
soltando lastre antes de que los escalones se rompan
definitivamente como vidrio frágil.
Habéis perdido.

Es menester acomodarse para este largo trayecto,
repitiendo una y otra vez,
los relojes tal vez han descansado y yo por fin
advierta en esta noche
que el calvario está en el fondo de una gran tinaja oscura.

Voy hacia la luz,
lentamente.

Beso el blanco deslumbramiento de la luna.

Un silbido rojo afila los dientes de este tren
sin voluntad propia.

La noche tiembla en las traviesas.

Los últimos vagones se entregan a los túneles.

Vacilan.
Callan.
Mueren.

Publicado por Lisola en sábado, febrero 10, 2007 3 comentarios

Nocturno con gatos. (Paul Delvaux).



Creo tener alas, pero ellas no se ven.
Nichita Stanescu.

VI

No hay violetas más sucias que aquellas que nacen abrazadas
a la muerte y como alondras vestidas de falsos vientos
mueren a lo lejos aprisionadas en el estupor de una luz
agónica y sucia pegada a la espalda.

Ha llegado el momento.
La cantina nos cede su azul deshecho.
Nos venga de la oscuridad.

Un reino de triángulos lunares juega sobre las pequeñas cosas
almacenadas en el punto más alto de los arcos.

A qué salir de ellos.
A qué mirar la semilla sobre el surco que han dejado las hojas
en su atroz caída.

Estaremos perdiendo acaso en sentimientos.
Estaremos ganando espacios. Eliminando la voz mil veces sacrificada.

La oración de la campana recorre inalterable el orden establecido.

Sin emoción nada se distingue.

El más lejano de los muertos reaparece y nos contempla sin apenas
traicionar la lengua.

El discurso del tren flota como un círculo encerrado en lava,
mientras me abrocho uno a uno todos los silencios.

Es Octubre.

Los pesados mecanismos resuenan bajo una lluvia ligera
y su empeño en arañarlo todo,
va más lejos que nosotros.

Un pie en el estribo no concederá más tiempo del que nos otorga
una llave colgada del cuello y sin embargo se adelantan,
sin que el otro pie lo acompañe.

_ Fueron siempre los pies como hermanos enfermos
cada cual sobrevive a su manera_

Subo los peldaños lentamente como subo a la vida desdentada.
El frío se ha instalado en la cintura.
El cansancio en el hueso.

Recojo el corazón lleno de cirios,
eyaculando visagras con memoria de invierno.

Subo y cuento los minutos que llenan mi boca.
La vida sabe a vergüenza y a fracaso.

Publicado por Lisola en sábado, febrero 03, 2007 3 comentarios

Paul Delvaux


Todos mis sueños han corrido como el agua.
Edith Sodergran.

V

Que el tiempo nos ama y ama también el recuerdo
y hasta muerde la desnudez del rayo cuando perfora la piel
y son negros los padres de todos los que glorifican la muerte
de los que duermen encastrados en las ocultas bóvedas futuras.

Que el sol es un derecho y también el orgullo de verlo con su crespón satánico
lamiendo el más puro silencio.

Que la tierra es un inmenso leño donde se devanan madejas de incertidumbre,
mundos sin horizonte, tan viejos como las viejas plañideras,
acostumbradas a la carroña.

Yo veo las luces que cortan el lomo de las horas
y el peligroso hastío del amor
acurrucado como un gato en las rodillas.

Todo ello evoco en los minutos previos al beso prohibido.

Esclavizada en esta dolorosa conquista de libertad
arrancada a golpe de sangre.

Es otoño y es la frente alborotando el sobrio duelo de las hojas.

Menudas.

Desesperadas.

Giratorias.

Así que preparad un bosque para matar mi cuello.
Un sollozo de moscas para exhalar futuro.
Un rincón donde amontonar los huesos.
Un verdugo que no vacile al levantar su brazo y un viaje
hacia las fuentes de la infancia.

Preparad las máquinas. Dejad que chorreen humo,
con el mismo orgullo con el que yo ahora desclavo el llanto.

Miro el ojo de una paloma a través de una página muerta.

Escucho el silencio de la horca.

Las manos se han vuelto infinitas vías al encuentro de la noche.

La madrugada es una ciénaga cortando las cabezas de los locos.

Y la noche
es una jaula infatigable llena de harapos y los pies
una cruz de sangre sobre los talones de los charcos.

Hoy todas las escaleras corren desesperadamente hacia las sienes,
con la promiscuidad de quien grita crímenes a las puertas de una cárcel.

La vieja maleta entre las piernas ríe su vacío de horas,
presta su ombligo plateado al cansancio de los muslos
y la espera y la huida se hacen juramentos interminables.

Puede que al pasar la muerte la despedida sea de cobre
y nos nos vea
y no nos vea...

Tendremos que ajustar nuestros horarios.

Publicado por Lisola en domingo, enero 28, 2007 4 comentarios

Leda. (Paul Delvaux).

No será el miedo a la locura lo que nos obligue
a bajar las banderas de la imaginación.

André Bretón.

IV

Cuantas veces se puede pensar en el vuelo de los cisnes al cabo de una vida
sin sentirnos libres, sin conocer el dolor y su escolta de aguas cenicientas
sobrenadando en el cuerpo.

El peso de la mente nos limita y cuanto hay de luz en ella,
desaparece ante el primer fósforo de nostalgia temblando en los sentidos.

La ligereza de la sangre sobre la cabecera de la cama,
dilata la sensación de oscuridad.

Estoy pensando edades retorcidas en un mundo de grandes fiebres.
Estoy detrás de la carne que aún perdura en los finados párpados.
Estoy como la espuma de cabellos blancos,
deslizándose por este mar confuso lleno de abrojos,
evocando guerras y palabras grisáceas sorprendentemente largas
bajo los lagos hinchados de monedas.

A lo lejos,
se anuncian los ojos de los trenes,
silban su enorme rostro.

Una espesa cabeza irrumpe entre chirridos de angustia.
Los vagones chocan unos contra otros,
han decidido matar al tiempo, seguir vivos,
mientras las fachadas comen su abandono, su fiesta de sombras.

Dejo que el cielo camine despacio sobre mi espalda.

Por las manos se escapa el humo elegante y lento del tabaco,
también algún resto ciliar de un cementerio marino.

Con el tacto transparente,
construyo adormideras de hojas para que adelanten mi viaje.

Mas vino helado para la memoria.
Mas banderas para los ojos de los muertos.

Tengo cicatrices de un solo color y sin embargo sostengo el lápiz
y escribo firme sobre el lomo de este anochecer.

Estoy aquí,
dominando el miedo, la rabia, el desconsuelo,
la nostalgia, la negrura helada de las horas.
Mordisqueando el centro inevitable de la fuga.


Publicado por Lisola en sábado, enero 20, 2007 4 comentarios

Mujer en su cueva. (Paul Delvaux).


En el esfuerzo de nacer está el final,
en la rabia de crecer se continua.
José Saramago.

III

Incansablemente visitaré hermosos templos de palabras litúrgicas
y en la sombra izquierda, la cansada envergadura de los plomos,
abrirá a la nieve su festín de loco.

Hoy tocan los relojes su extensa marcha fúnebre.

El duelo discurre entre las vestiduras de los sacerdotes
y el blanco blasfemo de las lámparas caídas.

No espero nada y lo espero todo.

El viaje ha comenzado ya y arranca ocultas fuerzas a los pies atónitos.

Alguien desde el otro lado me dijo;
tira todas las flores de plástico que tengas almacenadas y arde...
arde en el ojo circular de las sombras,
en los trenes últimos,
aquellos que pasan cada siglo de puntillas
sobre los hierros agudos
y sus esquejes de dicha y saben
del concierto en la madera
y del ritmo húmedo de los árboles.

Puede que hoy en la burbuja que retorna del pecho,
el humo se disipe y las palabras dejen de serlo
para volver a ser placer en los oídos.

Reparto mis alas entre los que ya aman mi tumba.

En ella encontraréis piedras y una nube perforando el núcleo de las borrascas
y molinos de estrellas limpiando la espuma de de mi última vida,
al menos hasta que inocentes astros bajen para purgar en liquen prostituido
por la sal y la escarcha.

Y entonces,
como un ciervo asustado por el diluvio criminal,
cubriré los ojos de mirra,
escoltada por el denso olor del pan cuando sofocado
nos lubrica el alma.

Se impone un silencio metálico.
Se impone el dolor para trazar firmemente la última letra
sobre la encendida turba de las pesadillas.

Crecerán los espejos maternos,
también el luto de este lecho.


Publicado por Lisola en domingo, enero 14, 2007 4 comentarios

La resistencia.

La resistencia se organiza en todas las mentes puras.

Tristan Tzara.

II

En los ángulos de piedra las órbitas silbantes no han nacido aún,
yacen en el sillar del sol,
con las luces sagradas ovillando el interior del cielo.

En la estación,
los caminos de hierro duermen en su estela penitente.

Las manos talladas de hijos, de plumas rígidas,
de aceras esqueléticas,
se elevan en un gas tardío que emana a través del tiempo
y sus mejillas cubren la memoria.

Porque ya sin apenas voz, el tiempo,
sigue enguantando los himnos y la emoción anciana ya no canta
en los océanos que ahora han quedado en su viudez de niña prematura.

Miro hacia las puertas del mar y el mar,
es un caracol negro estirando su cuerpo bajo las cerraduras de los puentes.

Miro el instante de calma que surge de la espuma de las farolas.

Un silencio casi artesanal se aloja en la penumbra de la sala.

En su penumbra se cobijan los que ya no existen,
me lloran y cubren de voces nuevas,
rellenan cada hueco de mi cuerpo de espejos trágicos,
de torturas abiertas que ejecutan mis ojos y los hacen más negros y más tinta.

No puedo deshacerme en ellos...

Los sonidos llegan cabalgando en una sola gota de plata líquida.
El mundo dialoga con mis manos,
enciende las velas que me obligan a ser plegaria a las puertas
de este templo que habita por debajo de mis aguas.

Murmuran su litúrgica mansedumbre los farolillos rojos.

No puedo volver a las estatuas,
no puedo helarme en su frío de noche al descampado.

La oscuridad me salva de los ojos.
Estoy preparada...

Yo no sé, pero es dulcísima esta espera y amargo el telón
que desciende hacia la piel bordada de anillos ancestrales.

Dadme un solo instante para entrar en la severa penumbra.
Dadme un solo instante para empolvar mi cerebro
en donde minúsculos pájaros se descuelgan, elegantes y verdes.

Detrás de sus menudos picos duermen extraños laberintos de lana.
Yo deshojare sus plumas enmohecidas
hoy que mis dedos forman velas de hollín.
Yo lavaré sus horas clavadas como mariposas en el azul de los puñales,
destilando montones de harapos en la sumisa luz
que desciende de las fuentes.

Agua de luna sobre la copa de los árboles
guíame hacia el vaporoso silencio comulgado.
Al fragmento único de los minutos extraídos
de este cielo líquido expulsado de las llamas.


Publicado por Lisola en domingo, enero 07, 2007 1 comentarios

El esqueleto y su concha. (Paul Delvaux).


¡Reloj! Dios siniestro, horroroso, impasible...
Charles Baudelaire.

I

Noche.
Caballos vivos.

Así me he despertado
como hebra de luz en un país de agua.
Lanzando hacia la inmensidad raíces como grullas suicidas,
memorias que estallan hacia fuera.

Así,
con la noche puesta aún sobre los miembros verticales,
a la espera del grito que se adelante a la piel
diluida en el polvo de la noche.

Sin apenas fortaleza abandono esta casa de vientre yerto,
con el sonido de los grandes robles rebosando a la entrada de la boca,
con el tiempo en la yema de los dedos a punto de escaparse,
extendiendo el dolor embotado en los muros.

En este proceso blanco de cerrar la puerta,
ya no siento el ronco trillar de los sueños,
sólo la matriz del silencio que como una esponja,
me absorbe hacia un hambriento destino.

Un diluvio de látigos y huesos se acerca
a la corriente masticada de las calles.

Me dispongo a devorarme...

esta casa ya no es mi aliada.
Mi manera de amar se confunde con la desesperación de un mal trago de vino
que afila el deseo de amplitud, que busca el atajo,
que pudre el silencio y sustrae de la tierra su duelo de nombres.

Los perros bajo la tierra tienen grabada en la piel un reloj insolente.

Frente a la noche,
los más nobles propósitos se hacen enanos deformes.

Cesa el aire.

Lo que queda es un salario de pobres,
de viejos forcejeando contra la muerte.

El enemigo resbala,
yace en el suelo, besa mi frente, ahoga mi grito,
evita mis ojos, evita la nieve.

Un exvoto en lo más alto del muro, mañana.

Ahora,
la forma de un labio depredador se anuncian en el alero del altavoz,
convirtiendo en gelatina la nieve musculosa.

Por el aire,
una gran bola de cartón espera el paso de mis pasos,
ciegos, eclipsados, como un libro de estrofas gastadas
en el lenguaje de las mesas.

Soy más niña pero más vieja entre los edificios de los cuervos.
Soy el cáliz que un día bebió la voluntad para que nunca
me abandonasen los pulmones.

Yo guardo en ellos el caoba del último grito y el honor
de la copa vacía, abandonada como un cuento de niños
en la guarida de la lengua.

Este lugar se precipita hacia el olvido.

La vida que amé evapora sus pieles
en secaderos de sal a merced del viento.

El sueño y mi cuerpo se acostumbran al destierro.

He modelado un río entre las hojas tempranas de la sed.

Un espasmo recorre esta largueza apoyada en el bastón crepuscular,
en él, los minutos arquitectos de la muerte,
devoran el espacio donde se hunden mis pechos.

¿Cuándo llegará la luz que nace perfumada?

Nada sabe el tiempo

sólo ordenar el equipaje, lamer el borde del ayer
nutrido por la quietud del barro.

Publicado por Lisola en jueves, enero 04, 2007 1 comentarios

Armonía.

Entre las aguas del Palacio da Pena,
una palabra, el aire, un signo,
una silueta ajena a la tierra,
el purgatorio de los cisnes ligeros,
una mujer de espaldas y a oscuras
en su caja de resonancia.


Publicado por Lisola en lunes, enero 01, 2007 3 comentario

Giovanii Battista Piranesi (Carceri d'invencione).


Te mueves bajo las torres,
silenciosamente,
con el juicio de quien oye cantar su ayer
en el primer frío blanco y riguroso.

Tu pie camina y duerme y fluctúa en el color azul
de los jardines,
donde las ratas vestidas con gasas negras,
convierten en ceniza las campanas que brotan
del fondo del fuego.

Las escaleras bailan en el estrecho abrazo de las piedras.

Tú,
atas la piel al foso de los inocentes
y apuntalas las manos en la fina membrana de las cornisas.

Algo vuelve del fondo de los milagros.

Una pared puede envolverte en su adormidera.

Transparente y decidida tragas el largo estertor
de una misa de difuntos.

Sobre los puentes,
atrapados por un fino laberinto de oscuridad,
dejas que la máscara gotee su endeble semilla.

Al fondo,
el ligero anillo del reloj ha incumplido el pacto,
tartamudea cuando saturado de rehenes,
pierde el honor y se entrega.

Silencio.

El mundo no te regala nada, créeme,
si quieres tener una vida, róbala.

Lou Andreas Salomé.

Y todo era silencio...

La tarde nos hablaba desde dentro,
los pájaros hilaban el norte de los líquenes,
recogían su propio aire fascinados,
y en él, dejaban su celeste vuelo
y se extinguían.

La tarde y su cojín de hojas secas,
ciegamente,
nos cubrió al ligero azul,
aún sin desvelar.

El estanque de ojos seniles, la turba, el monje,
la sombra de la vida,
amantes centenarios de rostros dolorosos,
culpables o inocentes en brazos de la muerte.

Los muros, el silencio.
Tu corazón emergiendo como un ángel.

Habían ardido los nenúfares silvestres,
las horas, la fiebre, vacías de piedras,
deshojadas en racimos de espejos.

Mi corazón nutrió el pequeño latido de los mirlos.

Entonces,
se alzaron las sombras por encima de los bosques,
y se llenaron de hebras dulces, extraños ríos,
que bajaban hasta el agua y mordían
el blanco corazón salado de los cisnes.

La soledad nos dibujó en las manos
una débil luz prohibida.

Caminamos sin pies hacia la fruta...

(Atrasa los relojes, el tiempo, la duda,
el mañana puede que no nos pertenezca).

Pero la noche abrió su muerte insomne,
nos buscó en los brazos venideros,
nos miró, triste, con su bozal de nieve,con su nocturno mármol,
con su sonata negra abriéndonos las urnas.

Ella, como tú, va tiñendo de rojo mi cuello,
ocupa el lugar de mis manos,
el estupor de mi crepúsculo.

Ella, como yo, deja caer su luna seca
sobre el soplo de los náufragos.

¿Dónde ha quedado la siembra de las hojas?

Un humo denso sube en espiral hacia el pecho,
anhela otro ayer, un mañana de alabanzas.

Aún unida y dividida, dominando la sed
que acude perfumada en lenguas de alabastro,
cierro mis profundos ojos y dejo caer
en el surco desnudo de la tierra
un diamante joven que germine bajo la lluvia.


Publicado por Lisola en miércoles, diciembre 06, 2006 5 comentarios

domingo 9 de noviembre de 2008

Isabel Muñoz. (Tribu Surma, Etiopia).


Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Antonio Gamoneda.

Si supiera mantener ese orgullo,
estirar el dolor y mirar a la herida,
con los ojos, con la sed y la plata,
con las manos liberando el latido.

Si supiera entregar como ella
el linaje fluvial puro y manso
que habita en su rostro tatuado
de miles y miles de árboles.

Ella guarda el olor a maderas,
la inocente silueta del viento,
el calor de la miel bajo el brazo,
la riqueza de un pájaro libre.

Si pudiera mantener ese orgullo...


Publicado por Lisola en sábado, diciembre 02, 2006 6 comentarios

Ella.


Como nocturnas aves.
Largas anguilas blanquecinas
sobre el pecho resbalan. Una luciérnaga aparece
en su frente. Sus hojas llora un sauce
sobre ella y su pena silenciosa.

G. Heym.

Ella
vive
en el fondo del lago
visible sólo para la bruma
donde el aire es fácil
y la noche dulce.

Ella
y sus manos
y una orquesta de grillos
y un piano blanco lleno de hojas.

Ella
se viste con pausa
se vuelve visión
vidriera en el agua.

Ophelie. (Auguste Préault).


En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Arthur Rimbaud.

¿Quién hay en el fondo del lago?

Ya no tirita Ofelia en su lecho de hojas.
Ya no distingue la luz de la muerte.
Ha quedado en silencio
con los ojos abiertos en su caja de agua.

En u cuello inclinado ya no habita la aurora,
ya no siente la voz de las fuentes,
ya no acumulan sus labios la llamada del ángel.

Sola, placenteramente ahogada,
sólo es visible en su cuerda de estaño.

Abrazada al viento lunar que devora su vientre,
arqueada en sus manos que han quedado sujetas
al exilio del aire.

Los jardines abren su sombra.

Un canto infantil regresa del bosque.

¿Dónde se esconden aquellos cipreses de agua
que azuleaban sus finos tobillos?

¿Dónde la cascada de lilas que perfumaban su leve cintura?

Ofelia ha elegido vestir de novicia,
ser el invierno de su inmóvil palabra,
oscilar en la bruma, como muerta
con su cara de pálido vino.

Atravesadas sus manos por raíces cariadas,
ella en su cuerpo, olvidará que el sol ya no existe,
mirará el vuelo ligero de las nubes
y perdida en la espesura del lago,
hundirá sus cabellos, hasta el fondo,
en la vigilia del tiempo.

La tempestad. (Giorgione).



Bajo el orden nocturno el peso del estío
ha desnudado tus senos y ha desgastado
esta casa de persianas bajadas y rotas
que aún espera al hostil adversario.

Los boquetes en la piel dan cuenta de la feroz batalla.

Un ladrón en la niebla y una venda en los ojos
y las sombras bajando en círculos de sal
sobre la flor y después, nada.

La noche se viste para mí, abre los párpados.

(Si supiera el instante en el que estallará la tormenta,
dividiría la luz en cristales de agua para alumbrar
el lado negro de las piedras).

Pero sin nombre,
sin la inmaculada presencia del ángel,
seré como un pájaro en su último vuelo
por el fondo de los lagos.

La noche se viste para mí,
cierra los párpados.

En la distancia engendro un lenguaje de ave migratoria.

La noche, la imagen muda,
el armario que llora con su locura dentro,
la cama ridículamente deshecha,
la pisada que espera ser...
el tiempo aumenta su voz a medianoche.

Nadie sabe que aprendí a caminar en el agua.
Nadie sabe que miro fijamente el humo de las velas.
Nadie sabe en que espejo habito.
Nadie sabe que soy una manzana en el suelo
y olvido que he sido.

Soy una niña de hospital con juguetes muertos
una niña con manos de árbol huérfano
una niña deteniendo el azul del día.

Una mujer ahorcada en la ventana.


Publicado por Lisola en viernes, noviembre 03, 2006 4 comentarios

Todos los Santos.


Oh hermana de la sombra,
nocturna cuanto más fuerte es la luz,
me sigues, muerte.

Giuseppe Ungaretti.

Tú, que paseas entre las piedras dulces,
y dulce tu figura entre los árboles ,
va inclinándose hacia la sombra de las hojas
como un ángel extraño y maldecido
por la quietud que la muerte ha dejado
sobre el precipitado silencio de las lápidas...

Tú, que no respondes a las miradas
ni conoces el ruego de los lagos
cuando sin voluntad y amantes de la tierra
se ablandan en las manos y se quedan
en un extremo del tiempo, donde tú,
paseas, inválido, bajo el ropaje del viento.

Desnudo, en tu pobreza, separado
del diente y de la piel que te sujeta
buscarás al pobre que llevas dentro, pálido,
y pálido, sobre la noche eterna,
ocultarás el hueco de la herida
en el último roble apoyado contra el pecho.

sábado 8 de noviembre de 2008

La joven leyendo(Jean-Honoré Fragonard).



La mano.
Pavo Real,
casi inmóvil.

La suave forma del busto
tallado por encima del tiempo.
La ondulación del blanco.
El encuentro nupcial frente a las hojas,
traslucidas como libélulas aguadas.

El juego ingrávido, la corona,
el soplo de los ojos, el agua negra,
incluso el diminuto arqueo de la espalda,
respira sobre la pluma dócil.

La mano,
desnuda en la colina, regresa,
al hermoso silencio de las horas.

Eternidad, sosiego.

Y la luz,
la luz erguida al otro lado
abre una semilla entera
y vienen a sujetar lo inacabado.

© Publicado por Lisola en sábado, septiembre 23, 2006 5 comentarios

Melancolía. (Durero).


Me asomo a este ángel de melancolía
de forma misteriosa
y apuro el dolor que entra en la sangre,
como un narcótico lento que calma
y enfurece a la vez el propio gesto.

Me confundo en sus ropajes grises.
Me entrelazo en el meloso yunque de su frente.
Me pierdo en el poder de sus robustos brazos.
Me asomo a la campana que se eleva
por encima de los dioses mortales,
por encima del éxtasis de su dulce corona,
por encima de su mágica rueda.

Me asomo y veo una orla de tiempo
carente de espíritus alegres, de fuentecillas ligeras,
de cigarras narradoras.

Me asomo a su blancura y es
como asomarse a la muerte de las flores
al ayuno del amor
al lánguido aliento de los peces.

(Encuentro una gota de sudor
encerrada en un círculo
y lo abro y tiene la fuerza del encuentro
la vehemencia de un ojo al borde del suicidio).

Apoyado en su lechosa melancolía,
deja volar los minutos, observa
el rugir incesante del mundo,
mientras yo confío en su realeza.

©Publicado por Lisola en jueves, septiembre 14, 2006 4 comentarios

Resurrección en el río. (Chagall).


Un nuevo corazón abre el misterio y muere.
Una cuerda se ahoga en los cristales.
La mitad del cielo aún no se ha extinguido.
Los pies se amontonan entre la cuna y las alas
y el dolor vuelve.

Una cruz y un camino
al lado de las aguas
aún sin desvelar
al ligero blanco.

Todas las horas acabarán durmiendo.

Todas las señales se han encendido.
Todos los ruidos cubrirán la tierra.

Nacer sobre el viento.

Devolver la lluvia a la voz
que calla
que cae
hacia el espejo que oculta su respuesta.

© Publicado por Lisola en viernes, agosto 18, 2006 8 comentarios

Doble retrato con copa de vino. (Chagall).


Sírveme el vino dulce de las tinieblas.

Es Noviembre y mi nombre es una esponja
en la boca del mundo.

Sírveme un cesto pequeño de cerezas
recogidas del árbol de las corzas.

Es Noviembre y hay que dejar que el agua
salte por el hueco de las piedras.

Es Noviembre y la memoria asoma
y se agita en la memoria de las algas.

© Publicado por Lisola en domingo, julio 30, 2006 6 coment

A Charles Chaplin. (Chagall).


Te conozco tiempo devorador de palomas.

Tiempo.

Loba enferma
cachorro violento que desgarra la luz.
Violador de madres e hijas
amigo de la sed y de la duda.

Tiempo.

Mugido en el temblor de la noche
extremidad separada del cuerpo
palabra magnificada por los hombres.

Tiempo.

Gancho en el dedo índice de los rufianes
que lentamente convierte en cenizas
a los bueyes dormidos.

Tiempo.

Cuerpo sin libertad
animal frente al espejo
vergüenza de los esclavos

botín de dioses.
Soga en el cuello.

Cadáver sin ungir.


© Publicado por Lisola en domingo, julio 23, 2006 6 comentarios

Claro de Luna. (Chagall).

Me he detenido.

En la voz interior de la piedra,
en la piedra escrita en la mano,
en la edad que se teje y desteje en mi voz.

Con el tiempo acunando el acero
con el rostro de nadie,

me he detenido.

En los despojos que salen de aquellos
que enfangan el agua
con la náusea callada y tan lejos
del aire...

me he detenido.

Y he mirado por encima del muro
la palabra escupida en la tierra

y luego y luego...

Cansada de abrocharme las mañanas
cansada de esta habitación oscura
cansada de esta hiel seca que cabecea
en la sangre, llena de sed, llena de otros,
dentro de mí, decapitada.

Vacía de todo,
con la savia muerta entre los brazos
he bajado los párpados a la sombra
y asida al filo de la navaja...

dispongo los nombres, la esperanza,
el sudor viscoso de la vida,
el final del beso, el vaho monstruoso del amor
y de su máscara deforme.

Sin cuerpo, sin texto.
Cansada de la ceremonia íntima y sagrada
de ser locura ártica que vivirá de la nieve.


©Publicado por Lisola en sábado, julio 15, 2006 9 comentarios Enlaces a e

La casa gris


Esta noche
el incansable fondo
del armario
gime
con su cansada orquesta
de gritos centenarios.

Busca
el silencio primitivo
el baile desnudo
de la voz
en la madera.

La sed de la lluvia
en el espejo.

Formas que se unen.

Expiración de sombras
en fuga .

hacia la cicatriz
de los desvanes,

hacia el final piadoso
de la luz.


© Publicado por Lisola en sábado, julio 08, 2006 4 comen

La casa del abuelo. (Chagall).


Arca de cristal y barro.

Sobre el mediodía
una canción de cuna.
Al anochecer
un verdugo en el lecho.

Huye el pulso de la mano tras el corazón.

El fino cuello de los relojes se retira
al inmenso latido que se opone a la mano.

(Construirán un zumbido de piedras
destruyendo el vuelo de los ausentes).

Un solemne desacato al culto de los lirios,
un espacio de luz acribillada,
es todo lo que contiene el peso de la carne.

Esta es la casa donde anida el viento,
donde azulea el color del agua en las ventanas,
donde las manos aprenden de la piedra.

Duermevela de nombres en el orden de la noche
o en la sombra pura que nos alarga la memoria.

Adherida al mundo,
absuelvo sus ojos de la arena
para volverla ceniza en la fragilidad
de las corolas.

Apago la luz cuando cantan los pájaros
y el cráneo recupera su ceguera.

Una nota blanca en la penumbra,
desdibuja el grisáceo silencio del abismo,
viene del cielo profundo a iluminar el árbol
pero en el suelo funde su luz la sombra fría.

¿Quién al rozar el trigo se lavará la piel?

¿Quién abrirá esta casa de huesos helados?

En cruz sobre la muerte del agua,
nada puede tocar el recuerdo de la flor,
ni el habito que curva el lila y verde de los difuntos.

© Publicado por Lisola en domingo, julio 02, 2006 7 comentarios


Chagall.


En la profundidad del espacio silencioso,
un golpe de manzanas mar adentro,
desdobla la densidad de las sombras
y la dimensión callada y fría del espejo,
separa el nido de las piedras, volviéndonos
arroyo desbordado sobre el grano.

Remontarse por encima de la luz,
mientras descubres el vuelo de un ave,
sin peso y sin volumen,
dispuesto a reencarnarse en pisada
que ha de borrar el tiempo.

© Publicado por Lisola en sábado, junio 24, 2006 5 comentarios

El gallo. (Chagall).


En mi mano duermen las hojas que el otoño olvida,
con el poder de quien atrasa la lluvia
y se emborracha en la densidad de los huesos.

Estamos solos en colores y formas.
Estamos en la distancia que flota en el sonido del agua.
>br/>Y sin embargo,
son los poderosos días donde me desnudo,
donde el polvo se ajusta a aquello que fui.

Yo cierro los ojos a las ciudades inertes.

Aquí un delirio clama su espesor de algas.

Sobra afán de oscuridad en la maleza.

Cegados por el deseo de partir lo vivido
vamos naciendo en la descarga de todas las incertidumbres.

Después de todo nos queda
ese mirar extraño hacia el pasado.
Hacer el equipaje y lamer el borde del ayer.

Desde su muerte,
un extravío nos preserva del duro invierno
mientras nos vamos mirando oblicuos.

_Pájaro inútil en el escorzo de la noche
inventa unas alas y huye_

Asombra después la calma
cuando levanto las persianas y fondea en los ojos
Venecia...

Alzo un dedo y desclavo años.
A menudo en ellos colecciono sombras,
sombras de nieve tras los cristales
donde morimos de pie y sin tristeza.

© Publicado por Lisola en viernes, junio 16, 2006 3 comentarios

El poeta. (chagall).


Esparce tus flores, forastero, espárcelas sin miedo.

Paul Celan.

Toma el aire e interpreta un silencio,
después crece en el brillo de la noche.

Tu palabra será una piedra en medio del mar,
clara y pulida.

Después,

toma la sed
y olvida el ojo.

El lazo será una oscuridad ligera,
un cristal donde se unan tus manos.

Donde no llegue el cruel espacio del círculo.

El voraz autismo de una rúbrica.

© Publicado por Lisola en sábado, junio 10, 2006 4 comentarios

Chagall.


Aún desconozco los pasos.
Aún soy rama que araña los cristales
bulbo de agua en el aire.
No tengo más espacio
que esta piel blanca que me protege
y estas noches prestadas.

El ojo reventado vuelve a morir
sin una imagen digna,
sin saber lo que ha sido,
y todo se queda bajo la tierra.


Publicado por Lisola en sábado, junio 03, 2006 6 comentarios

La ventana blanca. (Chagal).

Hasta la noche llega
esta muerte diaria de saxo sin cintura.
Después el alba se encarga de borrar
el interior de la boca.

Un montoncito de lilas
en el afluente de la memoria
no bastará para vestir de blanco los ojos.

(Empújame hacia la sombra).

El caudal que la lluvia ha dejado en las calles
visita la espalda de quien se aleja.

En vano tu dolor te nombra,
y un puñado de amor sin propietario
salta de tumba en tumba con su rictus
de invierno.

La presencia de un pájaro en el labio
nos hace gota de miel en la noche,
agua en las manos de cristal,
canales azulados y un cúmulo de ventanas
buscando la desnudez de la luz.

Todo se pierde con el sutil soplo del viento.



Publicado por Lisola en domingo, mayo 28, 2006 4 comentarios

La rama. (Chagall).


La chimenea
gris
levanta un hilo de muerte.

Lleva un ciprés
de luz
en su talón izquierdo.

Un sonido de cobre
casi violín
en brasas
traspasa el negro

y sube
hoja a hoja
peldaño a peldaño
flotando
enajenada

hacia el primer silencio
del mundo.


Publicado por Lisola en martes, mayo 23, 2006 1 comentarios

jueves 6 de noviembre de 2008

Muelle de Bercy. (Chagall).


Todo lo que se anticipa
es el tránsito de la luz
en el peso de la palabra.
Un único resplandor
una simiente de nubes
en las manos ligeras.
El deslumbramiento en el fruto
en la orfandad de las sombras.

Publicado por Lisola en domingo, mayo 21, 2006 2 comentarios

L'arbre de Jesse

Amanece
sobre la exactitud de las ramas de los árboles
sobre la mirada extasiada de los niños
sobre los campos sin horizonte
sobre las almas que huyen
sobre las horas sin luzs
obre los muros fríoss
obre las noches
sobre el miedo
sobre mí

sobre la plenitud de la memoria
sobre el dolor de la nostalgia.


Publicado por Lisola en domingo, mayo 21, 2006 1 comentarios

El vuelo



Un pico de agua en el estanque y algo de luz
en el vuelo de miles de libelulas.
Una extensa luminaria en las hojas caídas
y allí, sin más pálpito que la lluvia,

alzar las manos, húmedas, brillantes,
y los ojos absolutos, permanentes,
desde dentro hacia el filo de la aguja,
pulida por la piedra y la palabra.

Asomarse a la noche y frente a frente,
descender al momento en que la voz se apaga
y desear sin manos, sin ojos, sin brazos
todo el bosque que madura en las sienes.

Un ángel nos espera y sin embargo,
la colmena asoma con su luz de agua
por encima de los pájaros que insisten en la piel,
en el deseo, en la cera perfumada de la alcoba.

Publicado por Lisola en sábado, mayo 06, 2006 2 comentarios

Amantes a la luz de la luna. (Chagall).


De la noche
tan breve
una herencia de manos trepadoras
una luz de agujas afiladas
un aliento de gatos en el pelo.
De la noche
el magnifico silencio de los puentes
las hogueras encendidas
el sorbo hondísimo del cielo
el agua fecundando el párpado.
De la noche
una cuerda de sombras en el aire
un silencio de niños plateados.

Publicado por Lisola en lunes, mayo 01, 2006 0 comentarios

La Mariee


Me he despertado en la noche
flotando en el sepia de las medusas,
al este de los vientos que ahogan mi sombra,
soñando con un trono rojo y un hogar blanco.

Me he despertado en la noche con los pies helados
y una hoguera en las manos y un delfín en la boca,
masticando la sangre del tigre que sonríe ante mi muerte.

La espiral sobre el lecho y el corazón sobre el tiempo
hacen un hueco en la honestidad de mi sábanas.

He cruzado la línea que separa un golpe de rosas
de esta pequeña pluma que me escupe.

Sin mi sombra
seré pasto de los peces que naufragan en mi ombligo.


Publicado por Lisola en viernes, abril 14, 2006 0 comentarios

Las tres velas. (Chagall).


Los días recién lavados amanecen
con una tonalidad de azul de metileno.
Las noches por el contrario
son cataratas de hormonas
visitando los cuerpos desnudos.

Desde la séptima rendija
toma el aire su desnutrido hueso.

Grande o pequeño el mármol materno
visita la espesa cabellera que ora
en la llama blanda.

Entra la noche.
Los cuerpos incrustados en su hedor
crecen en la sangre y en el agua.
La forma desciende por una multitud
de muecas.

En algún lugar hay cuentas de colores
alrededor del cuello
y una gota de tiempo en la frente
que interpreta su final.


Publicado por Lisola en jueves, abril 13, 2006 0 comentarios

Violinista Azul. (Chagall).



Lúcido infinito.
Lúcido como una estatua evaporada por la lluvia.

Una frente de vértigo,
después la sombra de los moribundos
amanece en su inmortal avenida.

Después,
la catarata de luz sobre los lirios
o el exilio viviendo de su gloria.

Y en medio una torre aislada en su pureza.


Publicado por Lisola en domingo, abril 02, 2006 1 comentarios

Chagall.



Asistir a tu propio nacimiento, con una mano extendida hacia el cielo
y la otra encerrada en una cápsula de lodo.
Asistir al sacrificio de abrir los ojos y respirar en un pequeño surco
sin otra concesión que la de ser un trozo de carne examinada y sin juicios.

Respirar es llenarse los pulmones de discursos para justificar barreras,
disfrazar los alveolos con jerséis de angorina,
empollar la sangre para que nazca el lugar donde poder morir sin hedor alguno.

Después de todo es acostumbrarse al ciclo, a la idea de ser
un pequeño microorganismo al servicio de los dioses.

Aquí tenéis el pequeño alfiler imantado que os dan los magos
que mueven el mundo. Prendeos de él.
Utilizad su punta para cercenaros el lado del cerebro
donde anidan los pájaros.

El beneficio será inmenso.
El beneficio será el orden de los minutos y la noche que acaba
en una cama grande y blanda.
La permanencia del sol en las ventanas limpias.

La ciudad_hospicio que nos garantiza una limosna en la piel
cuando esta llega a su última arruga.

El beneficio será el orgullo de circular por el asfalto
de una ciudad enferma y arrojar los dientes al agua fría.

Envolver el alma con chispazos de celofán,
afiliándose a los barrotes que nos protegen del pensamiento único.

La espalda recta, los ojos sin desarrollo, la mirada corta,
las manos en guardia, el cerebro de cartón frente a un escaparate
donde se exhiben artículos de lujo para festejar la vida.

Luego la disputa por la felicidad decorada en un huevo.

Nos sirven el corazón en moldes de plomo para aumentar la hemorragia
que nos divide y organiza.


Publicado por Lisola en sábado, abril 01, 2006 0 comentarios

Primavera. (Chagall).


Regresa pájaro del tiempo
con tu sangre viva a recorrer
mis venas.
Estoy como la fuente helada
en el deshielo, frágil
ante el sol
y su celeste juicio.

Publicado por Lisola en martes, marzo 21, 2006 0 comentarios

Techo de la ópera de París (Chagall).


Si pudiésemos elevar la luz
más allá de donde ingrávida se estanca
y nos deja sin suelo.
Si pudiésemos sentir su leve gloria
apoyados tan sólo en el brazo menudo
de los bancos.
Seríamos espejos sin límites
deshaciendo el tiempo.

Publicado por Lisola en viernes, marzo 17, 2006 0 comentarios